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Cómo sé arranca un clavo

El martillo de embalador resulta muy útil para arrancar clavos que no han sido botados o no se han hundido totalmente. Se intercalará un trozo de
madera antes de apalancar con la cabeza del martillo para no dañar la superficie. Se procede al arranque mediante sucesivas acciones en lugar de intentar conseguirlo con una sola.
Se utilizan tenazas para arrancar puntas de pequeño tamaño, ya que no se podría tirar de ellas con las orejas del martillo de embalador. Si no se consigue arrancar una punta se acabará de hincar con un botador. El agujero resultante se podrá rellenar con masilla. También se puede acceder a la cabeza del clavo o punta rebajando la madera a su alrededor con ayuda de un formón.

Tipos de clavos

Clavos de uso frecuente.
Las denominadas puntas (de París) (1) son clavos usuales en carpintería para obras groseras. Retienen bastante bien, pero pueden resquebrajar la madera y su cabeza plana no se puede encajar fácilmente. Suelen tener distintos grosores (de 0,5 a 8 mm) y longitudes (de 10 a 150 mm). A veces también se pueden encontrar cincados. Los clavos de cabeza redondeada o de lenteja (2) se usan en carpintería y suelen ser de mayor grosor que las puntas para una misma longitud; se botan más fácilmente debido a que la parte opuesta a la cabeza es ligeramente cónica. También se usan en albañilería, pero, en este caso, en vez de ser de acero dulce son de acero templado y se identifican por su color azul oscuro. Si se emplea un accesorio de guía adecuado, se pueden hincar, incluso, en hormigón armado, si bien se requiere cierta habilidad para conseguirlo y cuando el hormigón ya está revocado se corre el riesgo de desportillarlo. Hay un tipo especial de clavo de acero templado (3) provisto de una arandela que se hinca mediante al disparo de una pistola especial. Este accesorio encierra cierto peligro y es preciso que lo maneje personal especializado. Los clavos de acero de cualquier tipo son relativamente frágiles y al emplearlos conviene ponerse guantes y gafas de protección, procurando que no haya personas cerca para no ocasionarles daños con las esquirlas. Los clavos de cabeza ancha (4) son adecuados para fijar materiales aislantes, placas o revestimientos blandos, etc. Generalmente están cincados o son de material inoxidable. Las puntas de cabeza perdida, o puntas cónicas, (5) son variantes mucho más reducidas de los clavos de cabeza de lenteja y se emplean para ser botadas en la madera, para retener chapas delgadas o molduras, etc. Son de acero dulce y los hay en diversos grosores y largos de 12 a 50 mm. Los bullones y tachuelas de cabeza dorada o decorada (6) son cortos y tienen una cabeza muy ancha, brillante o decorada; se emplean para fijar telas y pasamanería. Generalmente son latonados o con algún otro acabado esmaltado o decorado. Su longitud varía entre 6 y 30 mm. Las grapas (7) sirven para retener listones acoplados o cables (en este caso pueden estar provistas de un recubrimiento aislante). Las tachuelas corrientes de tapicero (8) son clavos con el vastago de sección cuadrada. Se emplean para retener telas, revestimientos y forros en los sitios en que no quedarán a la vista. Los más pequeños los emplean también los zapateros. Las alcayatas (9) pueden ser de acero dulce (para madera) o de acero templado (para obras de albañilería). No resultan de muy buen hincado ya que al golpearlas tienen tendencia a deformarse. Las hay cincadas. Otro tipo de alcayatas o escarpias (10) se obtienen a partir de chapa de acero templado. Se utilizaban para colgar de la pared objetos de peso y son más bien un elemento auxiliar en albañilería. Los clavos para suspender cuadros y otros objetos (11) son de acero templado, no muy gruesos y en algunos casos su cabeza está recubierta de latón. Cuando existe un enlucido grueso es preferible emplear los que tiene menor grosor. Los alfileres de acero (12) sirven para fijar paneles, molduras o cartabones de madera. Su grosor no llega a un milímetro y su longitud es de unos 25 mm. Cuando se ha logrado penetrar la punta unos 6 a 10 mm la parte que sobresale se rompe con un golpe seco de martillo.